domingo, 11 de mayo de 2014

La generación Z

Así suele llamarse a los chicos de ahora: la generación Z.

Todos los que trabajamos en una escuela somos testigos de conversaciones en sala de profesores en las que los protagonistas son el lamento y la nostalgia: "los chicos de ahora ya no son los de antes...".

La verdad, es que los chicos son los chicos, los de siempre. Lo que cambia es el entorno en el que se desenvuelven, en el que estos chicos viven y crecen. Y resulta ser que ese entorno también es el nuestro, pero por algún motivo no debería ser el de la escuela. Es, en el mejor de los casos, raro...

Nuestro sujeto de aprendizaje es el chico que hoy está sentado en ese banco del aula, con el celular en su bolsillo, los auriculares colgados del cuello y miles de imágenes dándoles vuelta por la cabeza. Es el chico que difícilmente te llame por teléfono: te manda un WhatsApp. El que si le preguntás algo, va a ir a conectarse a internet y transferir tu pregunta al Google: no busca ni investiga, "googlea". Sigue series por Cuevana y tiene una extensa videoteca en Youtube, consigue su música preferida con el Ares, si le preguntás qué está haciendo te contesta enviándote una foto, hace sus trabajos prácticos usando el GoogleDocs y luego los muestra con un Prezi... en fin, el libro, el papel afiche, los marcadores, las carpetas, parecen haber quedado atrás en su vida diaria, pero nunca en la escuela.

¿Esto es bueno o es malo? A priori, no sabría decirlo. Pero sí estoy segura de que es real. El chico que se sienta en un pupitre y es capaz de estar durante dos horas mirando al frente y escuchando una exposición del profesor (o al menos haciendo que escucha), busca una palabra en un diccionario, escribe a mano las preguntas y las responde buscando en el libro de texto, es un chico ficticio, una construcción puramente escolar: fuera de la escuela, el chico vive otra vida.

Creo que ese es el principal déficit con que nos enfrentamos hoy en día como docentes, esa brecha digital de la que habla Area Moreira: la relación del chico con la tecnología en la escuela es muy distinta de la verdadera. Ante tal panorama tenemos dos alternativas: nos ponemos a llorar añorando tiempos pasados e insistimos en construir un sujeto de aprendizaje que se adapte a las tradiciones del sistema educativo, o miramos más allá de los muros de la escuela y adaptamos nuestra metodología a las nuevas generaciones, sea cual sea la letra que las identifique.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario