sábado, 3 de mayo de 2014

Poniendo el acento donde corresponde


¿Habrá alguna profesión que le exija a quien la ejerce, más competencias de lo que se le exige a la profesión docente?
Debemos ser:
  • padres
  • consejeros
  • enfermeros
  • niñeros
  • psicólogos
  • terapeutas familiares
  • asistentes sociales
  • cocineros
  • escritores
  • investigadores
  • administrativos
  • diseñadores gráficos
  • actores
  • directores de escena
  • locutores
  • conferencistas
y de paso, cuando hay tiempo… ¡¡maestros!!
Pero siempre se puede pedir algo más. Ahora, en estos tiempos modernos, tenemos que tener, además de toda la lista anterior (y otras tantas que seguramente ustedes podrán aportar), competencias digitales. No hay duda, para estar a la altura de las circunstancias sólo cabe una posibilidad: tener vocación docente. De modo que, habrá que ser consecuente con ella y embarcarse a adquirir esta nueva competencia.
Por un lado, es innegable que los modos de establecer las comunicaciones hoy en día exigen tener conocimiento del manejo de distintas herramientas digitales: redes sociales, mensajería instantánea, comunicaciones de voz, todas ellas son maneras de comunicarse a través de la tecnología digital. Si a esto le sumamos que nuestros alumnos, nativos digitales, asumen estas tecnologías como elementos casi naturales, nos vemos obligados como docentes inmigrantes en estas tecnologías, a ocupar un rol protagónico que nos exige capacitación.
Mejorar nuestra competencia digital no es tan difícil: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, decía el poeta. Pues bien, pongámonos en camino. En este caso, hacer es la mejor forma de aprender. Sumergirse junto con los alumnos en el mundo digital, permitir que sean ellos quienes nos guíen, olvidar los prejuicios al respecto, animarse a ir más allá.
Existen numerosas posibilidades que enriquecerán las clases. Bien utilizadas, las computadoras se transforman no sólo en herramientas que permiten hacer tareas, sino también en asistentes a la hora de aprender. La competencia fundamental que el docente tiene que adquirir no es técnica, sino pedagógica: ¿cómo hacer para que todas esas tecnologías se apliquen convenientemente a mis clases? O dicho en otras palabras: ¿cómo transformar mis clases integrando la tecnología? No se trata de forzar la utilización de herramientas digitales, sino de diseñar un proyecto que verdaderamente las integre, un proyecto que no sería el mismo si no las tuviera en su centro.
En este sentido, cualquier propuesta de capacitación docente en herramientas digitales debe poner el acento en la educación y no en la tecnología. Como dice Juana Sancho Gil, no olvidemos que en el binomio “informática educativa” lo importante no es la informática, sino la educación.

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