Una casa es un hogar cuando es fiel reflejo de la vida de sus habitantes.
Por
eso Ana, cuando enviudó y se quedó sola con su pequeña hija, después
de llorar amargamente, se dijo a sí misma: “Es tiempo de cambio”. Y
decidió remodelar su casa.
Trabajó horas extras, juntó dinero,
contrató un arquitecto que tiró paredes abajo, levantó nuevas, cambió
artefactos de baño y cocina, pintó de colores vistosos, y en seis meses
transformó abruptamente el lugar donde ella había vivido durante tantos
años y donde había imaginado su futuro. Su presente había cambiado, su
proyecto de vida había cambiado. Y su casa volvió a ser su hogar.
A partir de ese momento, Ana se sintió una mujer verdaderamente nueva.
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